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La última edición de este mensaje fue realizada por yinkuilin6868 el 23-2-2016 a las 14:59. En primer lugar, hay una tendencia a dar prioridad a la planificación en lugar de a la implementación real. Algunas empresas logran celebrar reuniones relacionadas con la seguridad de manera oportuna, distribuir documentos sobre seguridad y transmitir los principios relacionados con ella. Sin embargo, en cuanto a la implementación práctica de estas medidas, su eficacia es muy limitada. Esto se manifiesta principalmente en que algunas empresas sustituyen la implementación real de las medidas por reuniones y documentos; otras realizan inspecciones de forma superficial, sin profundizar en los detalles, solo como formalidad. No abordan los problemas que realmente deben ser resueltos. Además, hay empresas que no se esfuerzan lo suficiente en su trabajo, ni lo hacen con detalle. No detectan ni eliminan a tiempo algunos problemas de seguridad, lo que hace que esos problemas sigan existiendo y que las amenazas sigan siendo un riesgo. Por lo tanto, se debe estudiar con seriedad, comprenderlo de manera integral y profunda, promoverlo activamente, aplicarlo de forma constante y ejecutarlo sin excepciones. Nunca se deben escribir las normativas en papel, pegarlas en la pared o hablar de ellas; es necesario ponerlas en práctica. En segundo lugar, se da prioridad a la forma sobre a la acción concreta. Algunas empresas y sus gerentes también suelen decir “La seguridad es lo más importante; la prevención es clave; se debe actuar de manera integral”. Pero hablan mucho, pero realizan poca labor concreta; asignan muchas tareas, pero realizan pocas inspecciones para asegurarse de que se cumplan; se enfocan en las apariencias, pero no en la acción real. En particular, algunos gerentes están acostumbrados a adoptar un enfoque superficial y temporal: se conforman con colgar carteles, crear paneles informativos y completar los registros correspondientes, realizando así solo gestos formales sin sentido. Pero esto no contribuye en absoluto a mejorar la calidad de la gestión de la seguridad; los resultados son mínimos. En tercer lugar, hay una excesiva énfasis en la gestión y poca atención a la educación. Algunas empresas se centran únicamente en cómo gestionar las cosas de manera estricta, en cómo los empleados deben obedecer las reglas. No se preocupa por los cambios en el pensamiento de los empleados, ni por sus estados de ánimo. Tampoco se dedican a realizar un trabajo adecuado para fomentar una mentalidad de seguridad entre los empleados. Tan pronto como los empleados tienen alguna idea, se les reprocha que no comprenden, no apoyan ni obedecen; se les presiona con cargos exagerados, lo que hace que los empleados no puedan aceptar esas ideas. A medida que aumenta aún más la conciencia y el sentido de autonomía entre los empleados de las empresas, es necesario incorporar en la formación en seguridad un enfoque basado en el respeto hacia ellos. Se debe comenzar por tratar a los empleados con respeto, comprensión, cuidado y afecto; ganarse su confianza mediante el razonamiento y con sinceridad. Es necesario fomentar el entusiasmo y la creatividad de los empleados en materia de educación sobre seguridad. Esto se logra a través de la formación de una mentalidad adecuada, la organización de actividades pertinentes y el otorgamiento a cada empleado de autonomía para tomar decisiones relacionadas con su propia seguridad. De esta manera, los empleados comprenden que la seguridad en el trabajo es responsabilidad suya, y que cumplir con las normas de seguridad es un requisito legal. Se debe establecer la idea de que “cada uno debe encargarse de su propia seguridad; confiar en otros no es seguro”, así como la idea de que “soy yo quien es responsable de mi propia vida”. De este modo, se logra que cada persona sea responsable de su propia seguridad. Cuarto: se da prioridad a la cantidad sobre la calidad. Algunos gerentes, incluso cuando van al terreno o a los lugares donde se desarrollan las actividades, lo hacen de forma superficial, contentándose con cumplir con los indicadores cuantitativos establecidos. Ignoran los problemas que se presentan, tratando de minimizar los asuntos graves y hacer que los asuntos menores pasen desapercibidos. Sin embargo, en la práctica, no basta con cumplir simplemente con el “monto” de los indicadores cuantitativos. Dar prioridad únicamente a la “cantidad” y no a la “calidad”: esa cantidad carente de valor real, por más veces que se repita, no puede servir para fortalecer las bases de la seguridad. A largo plazo, esto solo fomentará el formalismo en la gestión de la seguridad. Al reforzar la evaluación cuantitativa, también es necesario fortalecer la evaluación de la “calidad” cuantitativa. Solo al potenciar la conciencia sobre la calidad se podrá aprovechar el papel que desempeña la cuantificación en la garantía de la seguridad. De esta manera, la cuantificación puede contribuir a mantener la seguridad. Quinto: dar prioridad a la línea de producción y no a los aspectos logísticos. Es indiscutible que, en el trabajo diario de las empresas, la mayoría de ellas presta mucha atención a la gestión de la seguridad en la línea de producción. Invierten una gran cantidad de recursos humanos, materiales y financieros en ello, lo cual realmente contribuye a garantizar una producción segura. Sin embargo, en la gestión de la seguridad de algunas empresas predomina una priorización de la línea de producción sobre los servicios logísticos. La gestión del equipo de producción se lleva a cabo de manera eficaz, los estándares para los puestos de trabajo están bien definidos, y las sanciones por incumplimientos de las normas son muy estrictas. No se presta tanta atención a la gestión de la seguridad en las unidades de segundo y tercer nivel; no se está dispuesto a invertir en su infraestructura y software. En algunas empresas, los sistemas de seguridad logística no son lo suficientemente sólidos. Algunos equipos están obsoletos y las instalaciones contra incendios no son adecuadas. Además, existen graves problemas de fugas de líquidos, que no se solucionan a tiempo. Como resultado, surgen incendios en el interior de las empresas, lo cual afecta negativamente su desarrollo armonioso y seguro. En sexto lugar, se dan más énfasis a las medidas formales que a su implementación real. Sin duda, en cuanto a la gestión de la seguridad, no nos faltan sistemas estrictos ni una serie de medidas de seguridad para garantizar una producción segura. Incluso, cada vez que ocurre un accidente, se ve necesario establecer nuevas normas y medidas de seguridad. Pero, en la práctica, son pocos los que realmente se esfuerzan por aplicar las normas de manera rigurosa y constante. Aún persiste, en distintos grados, la tendencia a tratar las cosas mediante reuniones o documentos, lo que hace que el compromiso con la seguridad laboral disminuya gradualmente, desde la cúpula hasta las bases. Falta un estudio a fondo de la gestión de la seguridad, así como el espíritu necesario para identificar fallos y resolver problemas, además de una actitud decidida para seguir de cerca todo el proceso. Algunas medidas de gestión de la seguridad solo establecen requisitos cualitativos, sin criterios cuantitativos claros para su evaluación. También hay algunas medidas de seguridad que solo están escritas en papel y pegadas en las paredes. Séptimo: se da prioridad a los días festivos en detrimento de los días normales. Cada vez que llegan los días festivos importantes, las empresas ponen todo su empeño en garantizar la seguridad, velando por que se cumplan estrictamente las normas de seguridad. Se realizan inspecciones frecuentes para identificar y corregir cualquier riesgo potencial. De este modo, la gestión de la seguridad recibe una gran atención, lo que ha dado como resultado resultados muy positivos. Sin embargo, muchas empresas son laxas o estrictas en la gestión de la seguridad de forma irregular: cuando los superiores presionan o asignan recursos, ellos actúan y toman medidas. Algunas empresas incluso hacen la vista gorda ante algunos riesgos en la producción: no los corrigen cuando los detectan, y si lo hacen, no lo hacen adecuadamente. Tampoco detienen ciertas prácticas irregulares, actuando de forma complaciente, lo que hace que esos riesgos persistan y que ocurran accidentes con frecuencia. Ocho: dar prioridad a lo material sobre lo espiritual. Algunas empresas valoran demasiado lo material; solo se enfocan en cómo los equipos pueden producir más y ganar más premios, ofreciendo recompensas materiales, mientras que ignoran las necesidades espirituales de los empleados. No se valora el comportamiento seguro de los empleados al seguir las normas; no se les da publicidad, apoyo ni reconocimiento. Se menosprecia su espíritu de iniciativa en materia de seguridad, e incluso algunos se burlan de ellos. Algunas empresas dan importancia a la formación de los empleados en cuanto a los procedimientos operativos, pero descuidan la formación relacionada con su motivación y dedicación en el trabajo. Si no hay entusiasmo ni espíritu de iniciativa en el trabajo, si el ánimo está por los suelos y la persona no está concentrada mientras trabaja, entonces, por más que sus habilidades técnicas sean excelentes y sus destrezas operativas muy buenas, eso no sirve de nada. En tales circunstancias, los errores y accidentes en el trabajo son algo inevitable.