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Las gotas de lluvia que caen desde los aleros de las casas del sur se depositan en las hendiduras de las piedras grises. Entre los copos de sauce que vuelan por el aire, también se pueden ver los delicados copos de nieve. El tiempo transcurre entre los anillos de los árboles antiguos. Cada vez que me calmo, puedo escuchar el sonido del tiempo pasando. El sonido del tiempo es el sonido de los rayos del sol que acarician las flores y los árboles verdes; es como si una madre amorosa acariciara a sus hijos. El sol brinda luz y calor a todas las cosas, convirtiendo así el tiempo en una forma de dedicación a la vida. La repetición diaria de este proceso representa, a su vez, un cuidado y un compromiso hacia la vida. Alabamos al sol y anhelamos su inmensidad. El sonido del tiempo es el susurro de la brisa que se cuela entre los pastos; va acompañado por el aroma de la tierra y el canto de los grillos, lo cual resulta muy relajante. Cuando vuelve a soplar la brisa, las semillas de los dientes de león se elevan con el viento. Viajan en “barcos del tiempo”, y la brisa eleva esas semillas de vida hacia lo alto, permitiendo así que la vida continúe. El sonido del tiempo está en sintonía con los latidos de nuestro corazón; cada uno de esos latidos es un sonido potente y claro. Ese es el llamado de la vida. Solo al entregarnos por completo podemos permitir que el tiempo deje en nuestras vidas un sonido maravilloso. Arce blanco cálido de invierno
Artículo bueno, gracias por compartirlo.