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Diez errores comunes en el trabajo de los encargados de seguridad

2016-05-17View Original

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Este mensaje fue editado por última vez por yinkuilin6868 el 17 de mayo de 2016, a las 15:05. 1. Considerarse líder: Los encargados de la supervisión de la seguridad en el lugar de trabajo suelen ser considerados líderes por los supervisores y trabajadores del taller. Pero, como encargados de la supervisión de la seguridad, considerarse líderes es un gran obstáculo para desempeñar bien su trabajo. Es necesario estar siempre alerta y prestar atención constante a la mejora de la cultura de servicio. Como miembro del equipo encargado de la gestión de la seguridad en el trabajo, es importante investigar en profundidad las condiciones en el lugar de trabajo, escuchar con humildad las opiniones de todos los involucrados y aprovechar la sabiduría colectiva para resolver los problemas que surgen en materia de seguridad. 2. El método del “un solo cable”. El método del “un solo cable” es el principal obstáculo para los encargados de la supervisión de la seguridad en el trabajo. La clave para que estos profesionales salgan de este error es cambiar su método de trabajo, pasando del método del “un solo cable” a un enfoque basado en la supervisión por niveles de las rutas y personas clave. Para cambiar la situación en materia de supervisión de la seguridad en el trabajo, basta con abordar problemas superficiales como el hecho de que los trabajadores no usen cascos de seguridad ni ropa de protección. Como responsables de la supervisión de la seguridad en la producción, es necesario estar siempre al tanto de los problemas clave que afectan la seguridad en la producción en cada departamento y en cada lugar de trabajo, en diferentes momentos y etapas. También es importante supervisar el cumplimiento de las responsabilidades por parte de las personas clave, ayudar a los responsables principales de la seguridad en cada departamento a tener una visión general de la situación de seguridad en la producción, y comunicar rápidamente la información a los líderes. En segundo lugar, es necesario supervisar que el responsable principal de la seguridad en el taller otorgue las autorizaciones adecuadas a sus encargados de seguridad. Esto no solo sirve como criterio para verificar si el responsable principal cumple con sus obligaciones en materia de seguridad, sino que también es una condición necesaria para que los encargados de seguridad de cada departamento puedan desempeñar sus funciones. 3. Ausencia de emociones relacionadas con lo correcto o incorrecto. Los supervisores de seguridad en el lugar de trabajo se enfrentan a todo tipo de personas, y constantemente se ven afectados por los intereses y emociones de todos los lados. Si no actúan con principios en su trabajo, si no se atreven a gestionar las cosas de manera decidida, si no pueden hacer críticas, e incluso si muestran obediencia excesiva hacia los líderes, entonces serán indulgentes al imponer sanciones, otorgar favores indiscriminadamente, formar “círculos cerrados” y favorecer a ciertas personas, además de transmitir información a los líderes mezclando sus propias emociones personales. Estas prácticas sin principios no solo convertirán la labor de supervisión y gestión de la seguridad en el trabajo en algo meramente formal. 4. Enfoque superficial y ocupación con asuntos cotidianos: Los responsables de la supervisión de la seguridad en el trabajo tienen la doble función de gestionar y supervisar. Algunos de ellos consideran que, al ocupar este puesto, dejan de trabajar directamente en el lugar de trabajo; su tarea principal consiste en pasar todo el día en la oficina, ocupándose únicamente de las tareas administrativas diarias. Ir al lugar en cuestión es como echar un vistazo superficial; no se analizan detenidamente las normas y reglamentos, ni cómo se aplican en la práctica, y tampoco se estudian los nuevos problemas que surgen debido a las nuevas tecnologías y procesos. Solo se lanzan consignas vacías; los discursos carecen de objetividad y no son prácticos. En cuanto a la gestión, solo se hace algo en apariencia, mientras que en lo que respecta a las competencias técnicas, están desactualizadas. 5. Informar solo las buenas noticias y ocultar los problemas. En algunos departamentos existen todo tipo de problemas en materia de seguridad, pero los encargados de supervisar la seguridad laboral, al informar a los líderes, solo mencionan lo positivo, hablan más de las ventajas que de los defectos; hablan más de los logros que de los problemas. De este modo, los líderes creen que la situación es excelente, lo que lleva a tomar decisiones erróneas. Así, los problemas que deberían resolverse de inmediato no reciben la atención necesaria, y se ocultan los conflictos y la realidad. 6. Timidez en la gestión y engaño a los superiores e inferiores. Los departamentos encargados de la supervisión de la seguridad en el trabajo no se atreven a enfrentarse con firmeza a aquellos que incumplen las normas y reglamentos, ni a corregir esas situaciones o a gestionarlas de manera decidida. En lugar de eso, buscan mantener el equilibrio, e incluso tergiversan la realidad. En algunos casos concretos, recurren al engaño y a la falsificación para ocultar la verdad, lo que hace que los comportamientos ilegales aumenten cada vez más, hasta el punto de provocar accidentes. El trabajo en materia de seguridad es una tarea técnica que requiere un enfoque integral, científico y práctico. Para lograr una producción segura, no basta con emitir algunos documentos, celebrar unas cuantas reuniones o presentar cifras; es necesario esforzarse realmente por poner en práctica las medidas necesarias. Hay que evitar por completo aquellos comportamientos superficiales en los que hay muchos discursos pero pocos hechos concretos, donde se habla mucho pero se actúa poco, donde hay muchas ideas pero pocas se llevan a cabo. 7. La participación de personas no especializadas en la gestión de la seguridad. La gestión de la seguridad es una ciencia seria que combina elementos técnicos con habilidades de gestión. Es necesario seguir aprendiendo, mejorando y innovando constantemente. De esta manera, las reuniones, los discursos y las acciones se llevarán a cabo de manera efectiva, la gente escuchará, y la dirección no fallará. La gestión de la seguridad no puede limitarse a teorías; es preciso realmente comprender los procesos, los equipos, el entorno y a las personas. Solo con conocerse a uno mismo y al adversario se puede tomar el control de la gestión de la seguridad. 8. Sin inspecciones ni seguimiento: La gestión de la seguridad es una tarea a largo plazo y compleja; no se puede relajar ni por un momento. Por eso, los departamentos responsables deben realizar inspecciones constantes, asegurarse de que las medidas se apliquen y fomentar las correcciones necesarias. Porque si no se realiza una inspección, no se sabe dónde están los problemas ocultos, y tampoco es posible exigir a los departamentos correspondientes que los corrijan. Además, realizar inspecciones sin seguir de cerca el estado de las correcciones equivale a no haber realizado ninguna inspección. Al final, fue solo una formalidad, algo sin sentido. 9. Irrealismo: Las políticas y regulaciones establecidas por los superiores deben ser aplicadas por las distintas unidades teniendo en cuenta las condiciones reales de cada una de ellas. Es necesario elaborar reglas concretas y viables para poder implementarlas adecuadamente y lograr resultados efectivos. No se puede actuar sin tener en cuenta la realidad, ni tomar decisiones impulsivas basadas en ideas poco maduradas. De lo contrario, se desperdiciará mucho esfuerzo sin obtener ningún resultado real. 10. Incumplimientos por parte del personal encargado de la seguridad. Los incumplimientos, ya sean intencionales o no, por parte del personal encargado de la seguridad son algo que no se puede subestimar, ya que sus consecuencias son muy graves y representan un gran peligro. Cuando los empleados ven que se ignoran las normas de seguridad, y luego tú intentas intervenir, ellos desarrollan una actitud de rebeldía. Como dice el refrán: “Para forjar hierro, primero hay que ser fuerte uno mismo”. Si uno mismo no es capaz de hacerlo, ¿cómo puede exigírselo con derecho a los demás? Una vez que se establece este hecho, es difícil revertir sus efectos; al final, se relaja la gestión, lo que crea riesgos ocultos para la seguridad en la producción.

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