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1.jpg “Cerrar un ojo y abrir el otro”: esa es la forma en que actúan las personas demasiado amables. Esta visión irresponsable se reduce a dos puntos: primero, el miedo a asumir responsabilidades; segundo, el miedo a ofender a los demás. Si al ocuparse de la seguridad se desarrolla este tipo de peculiaridad, es decir, si uno siempre actúa como una “buena persona”, entonces todos tenderán a hacer lo que quieran, y así la labor de seguridad no podrá llevarse a cabo adecuadamente. Según las estadísticas, los accidentes de seguridad que ocurren en las diferentes empresas se deben principalmente a las “tres infracciones”. De esto se puede deducir fácilmente que lo importante es que los gerentes, supervisores y operarios en cuestión no dan la importancia adecuada a las cuestiones de seguridad; en su mente no existe una verdadera conciencia de seguridad ni buenos hábitos en este ámbito. Para los administradores, frente a las infracciones habituales y a las infracciones que se cometen por inercia, suelen hacer la vista gorda; no prestan la debida atención a esos “asuntos menores”, e incluso relajan o abandonan la gestión de ellos. También hay líderes de algunas unidades o personas involucradas que, en aras de obtener beneficios económicos inmediatos, no implementan medidas estrictas de seguridad ni procedimientos adecuados para detectar riesgos. Dejan que las cosas sigan su curso natural o actúan de forma improvisada, lo cual genera riesgos potenciales. Los empleados, por su parte, adoptan una actitud de esperanza de que “no ocurran problemas graves, pero sí pequeños incidentes”, y trabajan de la manera más cómoda posible. Si esto continúa así, su espíritu se volverá insensible, y dejarán de estar alerta. De este modo, aquellos que cometen errores no recibirán la educación ni el castigo que merecen. Tampoco podrán darse cuenta del daño que causan sus errores. Los demás empleados tampoco podrán aprender de esto. Esto puede generar una mentalidad en la que, cuando ocurren problemas, siempre hay alguien arriba que se encarga de todo, por lo que no hay necesidad de preocuparse. Sin duda, esto crea riesgos para la seguridad en el trabajo. Resulta que la mayoría de los accidentes ocurren en un estado de mentalidad de suerte. La ocurrencia de accidentes graves y extremadamente graves no solo tiene un componente de casualidad, sino que también tiene su lado inevitable. Su aparición suele ser el resultado de la acumulación de pequeños riesgos y accidentes menores. Pero debido a la actitud de “ser demasiado amable”, lo que en apariencia parece ser un trabajo de seguridad adecuado, en realidad presenta numerosos riesgos. Sin embargo, a menudo perdemos las mejores oportunidades para corregir esos problemas. Cuando finalmente ocurre un accidente, ya es demasiado tarde para arrepentirse. La responsabilidad en materia de seguridad es algo de suma importancia; llevar a cabo una buena gestión de la seguridad en la empresa es un requisito fundamental para su supervivencia y desarrollo, y también representa una forma concreta de proteger los intereses fundamentales de los trabajadores. Los administradores, supervisores y operarios deben asumir de manera efectiva las responsabilidades que les corresponden en materia de seguridad. Especialmente cuando se enfrentan a infracciones, deben mantener un espíritu de honestidad y seriedad, y cambiar su forma de trabajar para evitar por completo los accidentes. No deben comportarse como personas demasiado complacientes.
Suena fácil, pero en la práctica es difícil
De hecho, sin hablar de los demás, basta pensar en uno mismo: a veces también se tienen tales pensamientos, y al ver este mensaje deberíamos reflexionar sobre nuestras formas de trabajar anteriores.
La existencia de una mentalidad de buena persona perjudica tanto a las empresas como a las personas; es algo inaceptable. Es muy difícil lograrlo, después de todo, no se trata de personas comunes y corrientes.
¿Por qué existen las personas buenas? Asamblea Popular? ¿Fada? Deben existir leyes que se cumplan, y es necesario aplicarlas de manera estricta. Quienes violen las leyes deben ser castigados. Eso es algo que se nos inculca desde que empezamos a ir a la escuela. Pero solo cuando crecemos nos damos cuenta de que todo eso no son más que palabras vacías. Hay que aprender a actuar en consecuencia